LA IMAGEN DEL DÍA: Desde el aire, el Parque de Málaga es una lengua verde, lamida por olas virtuales, y por el monóxido de carbono de los tubos de escape. foto: Javier Albiñana
El diseño utilitario puede ofrecer belleza al entorno pero también algunas pegas. Como sabrán los malagueños lo bastante curiosos como pasear por el nuevo Parque, los espacios que no pueden ser hollados por los usuarios, sólo jardineros y pájaros, están delimitadas por unas barritas de acero inoxidable, destinadas a los ciegos, para que puedan seguir los itinerarios con el bastón.Las barritas dan un toque de modernidad y suponen dejar atrás los bordillos de piedra o mármol.
Las barras también se encuentran en los alcorques y han llenado la zona verde decimonónica de construcciones tubulares, como las de alguna ciudad imaginada por Ítalo Calvino.
Pero desde que se remodeló el Parque, ha surgido un nuevo prototipo de ‘rapiñador’: el extractor de barras. Los jardineros del Parque ya han dado la voz de alarma porque algunos sujetos quieren hacer negocio con el mobiliario urbano, no sabemos si para dar ‘consistencia’ a las cortinillas de las duchas.
El Ayuntamiento, que está sobre aviso, lo mismo intenta algún sistema para que estas barras no pueda mangarlas ni el forzudo del circo. Por desgracia, los nuevos diseños urbanos están abriendo ‘nichos empresariales’ no deseados, como esos mamíferos que ahora se dedican a sustraer las sillas de las nuevas paradas de autobús ¿Las querrán para sentar de una vez la cabeza?
Segunda generación
Y sin abandonar el Parque de Málaga, el recinto musical Eduardo Ocón ha recuperado las gaviotas que coronan la instalación, obra de Jaime Pimentel. Los pájaros originales, con muy poca resistencia y agarre, han sido reemplazados por una ‘segunda generación’ de gaviotas, después de una nueva fundición.
El propio escultor Jaime Pimentel asistió a la instalación de estas aves que resisten el tiempo y se han convertido en un símbolo más del Parque.
La huella
Estos días se habla mucho de las medusas. De cíclicas visitantes de nuestras playas se han convertido en potenciales inquilinas con afán de permanencia para toda la eternidad.
Existen pocos malagueños que no ha tenido alguna experiencia con ellas. Servidor tuvo una experiencia directa: una zambullida de cabeza hace diez años en la playa de las Acacias, impactando de cara (y de boca) con una de estas bolsas vivientes.
Cuando el autor de estas líneas llegó al Centro de Salud del Palo, tenía la huella del bicho en toda el rostro, amén de un recuerdo imborrable de por vida.
Restos de oxígeno
Desaparecido hace muchos años, el sanatorio para tuberculosos, en la avenida Ortega y Gasset, pasada la Feria, es hoy un cerro con pinos frente a polígonos industriales, único vestigio de un ambiente respiratorio envidiable.
