NOSTALGIA ‘COOL’
Publicábamos el otro día que Lou Reed va a actuar para los malagueños dentro de la agenda veraniega de conciertos del Teatro Cervantes, El Terral. Pero que nadie se espere un repertorio usual (nuevos temas más ‘greatest hits’), porque el tipo a lo que viene es a interpretar en directo una de sus obras mejor consideradas, ‘Berlín’ (dicen que es uno de los discos más al límite y miserables de la historia; a mí me parece Queen en prozac). Es la nueva moda de la posmodernidad: grupos o solistas de renombres que revisitan una pieza de su discografía en un concierto monográfico. Ya lo han hecho Sonic Youth, Public Enemy, Low, The Stooges, Dinosaur Jr…
No es algo nuevo para Reed, quien ya repescó en un recital su ‘Magic and loss’, pero el asunto está en boga gracias a Barry Hogan, organizador del festival All Tomorrow’s Parties (el título de una canción de la Velvet: donde las dan las toman), quien desde hace unos años, y bajo el anagrama ‘Don’t look back’ (’No mires atrás’), invita a bandas de prestigio a recuperar sobre las tablas su obra plastificada más o menos definitiva.
¿Por qué un concierto de Karina, nutrido, claro, exclusivamente por canciones que por edad ya tienen arrugas y podrían haberse divorciado de otras canciones, es tildado de nostálgico por la ‘intelligentsia’ y los artefactos pergeñados por Hogan y asociados no? Porque como en todo asunto posmoderno aquí hay un concepto, aunque a mí me parece errado. Primero, si se trata, como argumenta el de ATP, de reivindicar el álbum frente al ’shuffle’ del iPod, es una toma de postura inexacta: el disco como tal fue creado para el disfrute doméstico, como repertorio más allá del sudor y los botes del ‘live’ y que uno hacía suyo en la intimidad de su espacio. Segundo, leo en un foro: “Ir a un concierto de ‘Don’t look back’ es como ir ver un partido de fútbol sabiendo el resultado”. No estoy del todo de acuerdo con la metáfora (en la manifestación artística no se puede hablar de resultados ’strictu senso’), pero sí creo que saber exactamente el contenido y orden de los temas de un recital acaba por devaluar el verdadero valor del directo: que una de las canciones de tu vida te asalte por sorpresa y saltes, llores o rías. Y tercero: supongo que en cada ocasión será diferente, que habrá bandas con presente y futuro relevantes que se embarquen en este ejercicio de arqueología, pero con estos conciertos la mayoría de grupos le dan una pátina ‘guay’ a su certificado de defunción creativa (y ver a un cadáver viviente tocando no es nada agradable). En fin, que la nostalgia ya no es lo que era.









