Archive for the 'Artículos en La Opinión de Málaga' Category

JO, QUÉ NOCHE

Decía Bambino que todos, hombres y mujeres, siempre nos enamoramos de noche. Hay algo irreal, raro y disparador de los sentidos cuando el cielo se pone en off. Una vez, en Nueva York, por no sé qué asunto resulta que una tienda de discos abría excepcionalmente hasta altas horas de la madrugada, y aproveché; hoy, conservo esos cedés con el encantador recuerdo anexo de su compra, como si aquello hubiese sido una actividad clandestina, casi soñada. Escribo esto a propósito de la Noche en Blanco, la primera organizada en nuestra ciudad y que se celebra este mismo sábado. Desde exposiciones de popes de aquí y acullá hasta competiciones de Singstar (me apunto, pero sólo si ofrecen en el repertorio ‘Total eclipse of the heart’).

Ya he perorado aquí sobre mi fascinación nocturna por las cruces verdes intermitentes de las farmacias de guardia y los camiones de basura en ruta de recogida y limpieza de las suciedades acumuladas durante las horas en que la luz ha sido nuestra gran dictadora. Igual me reconforta ahora el hecho de que nuestra ciudad pueda latir la madrugada del próximo sábado al domingo más allá de los desahogos varios de quienes se quieren quitar de la piel el hastío de las jornadas laborables, del de lunes a viernes. Esas actividades con el sol apagado, soluciones de alivio rápido, egotismos sin fondo, siempre habían hecho que sintiera un poco de temor, o al menos desconfianza, por la noche. Pero creo que la Noche en Blanco puede reconciliarme con la oscuridad y lo que sucede bajo ella (espero que me pase lo que siento cuando escucho ciertas canciones en mi reproductor de mp3: “Es imposible que ocurra nada malo mientras escucho esto”).

Hace un tiempo fantaseé con una idea estúpida: cuando dormimos nuestros cuerpos son ocupados por otros moradores, iguales a nosotros; cuando nosotros cerramos los ojos, ellos abren los suyos; cuando nosotros interrumpimos la vida por el sueño, ellos se levantan (por supuesto, cuando nosotros nos enfrascamos en nuestras tontas e inútiles rutinas laborales o vitales ellos se zambullen en sus sueños). Esos ellos son nos-otros. Esto de la Noche en Blanco nos permite eso, ser nos-otros por una madrugada; básicamente, como encontrarte sorpresivamente con tu sosias, tu trasunto y poder decirle:  “Vamos, déjame ser tú por una noche”. Debe de ser genial, desde luego.

Published in:Artículos en La Opinión de Málaga |on Mayo 7th, 2008 |No Comments »

GRACIAS POR LAS RISAS TORCIDAS, AZCONA

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Cuando me río no me gusta hacerlo a pierna suelta, carcajearme; prefiero la risa torcida, esa incómoda, que lleva a cuestionarte si realmente es risible lo que provoca el estallido. De ésas me han producido muchas los libretos de Rafael Azcona, especialmente ‘Plácido’, aquella disección de uno de los sentimientos más lamentables por hipócritas: la compasión.

Charlé con el riojano en un par de ocasiones. Mientras estrechaba su mano para una de aquellas entrevistas me sentía un tanto incómodo, habida cuenta de su proverbial alergia a los medios y los flashes. Pero no hubo nada de huraño o tímido en el escritor; más bien al contrario. Todas las preguntas que le formulaba terminaban derivando en recuentos personales, disquisiciones sobre la vida o apuntes cotidianos, benditamente más allá de la materia cinematográfica. Me contó que cuando pusieron a su nombre una calle en Logroño le dijo a los del Ayuntamiento “Me podríais haber puesto mejor un piso”; me habló de su gata que cree ser un perro, y me explicó por qué le agradaba tanto presentarse plantándoles dos besos en las mejillas a las bellas chicas de prensa del Festival de Málaga: ”Es que con Franco no se podía hacer. Fíjate que las parejas se iban todas las tardes a las estaciones de tren para abrazarse y besarse. Si lo hacían en la calle, los policías les separaban pero, en las estaciones, como creían que estaban despidiéndose para mucho tiempo…”.

Entonces, con casi 75 años, ya decía estar “en esa edad en la que se vive más de la nostalgia que de la esperanza”. Pero no tenía motivos para disfrutar ni de lo primero (”Me produce repugnancia”) ni de lo segundo (”Cuando desayuno me siento en el mejor de los mundos. Lo malo empieza cuando leo el periódico”). Era un hombre, como sus películas, consciente de las torceduras de la existencia, llámense burocracia, injusticia, estupidez, servilismo, pero que no sucumbía al panfleto, ni siquiera a la denuncia (¿quién usa las palabras ‘comprometido’ o ’social’ al referirse a su cine?); prefería, como pequeña venganza más efectiva, revelar los ridículos de tales cuestiones, basculando entre la sorna y, directamente (’El verdugo’), la angustia existencial en minúsculas. Le doy las gracias.

Published in:Artículos en La Opinión de Málaga |on Marzo 28th, 2008 |No Comments »

REÍRNOS DE TODO

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No soporto Eurovisión. Ni siquiera le encuentro el encanto ‘kitsch’, ese dictado de lo cool que reivindica el encanto de las cosas según su estrafalaria condición (¿nos daremos cuenta alguna vez de que la revalorización de lo cutre simplemente por ser cutre es tan despectivo como su rechazo?). Pero el invento que han pergeñado esta convocatoria los de MySpace y TVE para elegir a nuestro representante resulta hediondo y revelador. Será que la mayoría de las veces, nuestra realidad apesta.

Salvo excepciones (que tampoco es que sean honrosas: mucho aspirante a triunfito que sólo sabe rimar ‘pasión’ con ‘corazón’), los primeros puestos del ránking están ocupados por auténticas chorradas con mayor o menor gracia (a mí no me hacen ninguna: sí, ha vuelto Scrooge), frikis de la vertiente Pozí. Así nos van las cosas en la cultura de la ocurrencia y la anécdota, de los chistecitos reenviados ad infinitum entre compañeros de oficina y las caídas de culo de los bebés en YouTube con 10.000 visitas en una hora. Parece que ya sólo valemos para reírnos de todo: los programas de TV que se inventan un reggaeton destartalado para colar una carcajada (y ganar audiencia), los tipos raros sin asomo de vergüenza, los que se ríen de ellos y les votan para reírse de Eurovisión… Y, por encima de todo y todos, los que más se ríen, los responsables de MySpace y TVE, al compás de sus manos frotándose con cada voto computado (pronto nos requerirán para los comicios por SMS).

En la recomendable ‘Confesiones de una mente peligrosa’, el productor de un show precursor de ‘El semáforo’ reflexionaba allá por los años sesenta: “Jamás pude imaginar que tantas personas quisieran hacer el ridículo”. Entonces, el entertainment, el brazo silencioso del capitalismo (perdón, ahora lo llamamos sistema), no había asomado demasiado su cabeza; ahora es nuestra anestesia letal. Ni tampoco pudo imaginarse la cantidad de gente dispuesta a carcajearse de los demás: ¿Saben que los medidores de audiencia ya tipifican en sus estadísticas a los televidentes llamados “irónicos”, los que, por ejemplo, ven las galas de Miss España para mofarse de las más feíllas o las galas de ‘Operación Triunfo’ para contabilizar los gallos y desafines? Ya nada vale si no podemos reírnos de ello.

En la imagen, Antonio El Gato, el líder del ránking descalificado por la burocracia ‘online’.

Published in:Artículos en La Opinión de Málaga |on Febrero 27th, 2008 |No Comments »

ALTA DEFINICIÓN

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Uno de mis amigos tenía un Vídeo 2000. En esos años juveniles, en que la vida parece que va en ‘fast forward’, éramos tres chavales más o menos allegados: el citado, uno que poseía un VHS y yo, el Beta. Todos sabemos la historia: fundamentalmente la gran cantidad de pelis porno editadas en VHS, infinitamente superior al stock X del Beta, y otros factores de mercadotecnia hicieron que la mayoría le diera la espalda al Beta, mi Beta, cuando era un magnetoscopio claramente más fiable y duradero. Así que, de golpe y porrazo, yo me convertí en el tipo raro que tenía un aparato sin futuro; por no hablar, de mi amigo del V2000, que al poco se convirtió en una especie de leyenda en el barrio: “He oído que hay alguien en la zona que tiene un 2000…”. La tecnología es cruel.

Tres cuartos de lo mismo sucederá ahora después de que haya quedado zanjada la batalla de la alta definición: el HD-DVD ha caído miserablemente derrotado por el Blu-ray; o sea, la todopoderosa Sony ha tumbado a la no tan superheroica Toshiba. Así que los hasta ayer orgullosos propietarios de un HD-DVD quedarán no rezagados en la carrera del ‘home cinema’ sino directamente en un pozo sin fondo, en un ´stand by´ a perpetuidad. O no tanto. La diferencia entre esta guerra y la de los 80 es que a unos cuantos millones de personas nos importa un carajo: internet y su clandestinidad permite al navegante que se haga su propia cinemateca, su propia sala de proyección, una autonomía tal que, en este caso, lo que decidan en sus despachos unos japoneses encorbatados nos influye relativamente. Ya nada, ni siquiera estos conflictos tecnológico-empresariales, son tan épicos como los de hace años, han pasado de ser finales de Champions a partidas de canicas.

Por cierto, mis padres acabaron pasando por el aro y se compraron un VHS. El aparato a mí me daba bastante rabia al principio, pero se me pasó el primero de los muchos días que acompañé a mi madre al videoclub de la plaza; jamás se me olvidará su cara de pilla cuando dijo un pretendidamente inocente “¿Y no tienes más películas que las de las estanterías?”, a lo que el dependiente sacó un completísimo libro con carátulas fotocopiadas. Eran películas pirata, igualitas que los screeners que hoy pululan por mulas y similares. Qué poco cambian las cosas. Mi madre alquiló ‘Rambo’.

En la imagen, el legendario Vídeo 2000. Sí, existió.

Published in:Artículos en La Opinión de Málaga |on Febrero 24th, 2008 |No Comments »

A PROPÓSITO DE LOS GOYA

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Como ya es tradición, apuntes a vuela pluma respecto a los premios Goya:

Primero. ninguna de nuestras actrices, salvo las excepciones de Blanca Portillo y Maribel Verdú, portaban en sus cuerpos creaciones de diseñadores españoles. Y luego Ángeles González-Sinde, la presidenta de la Academia, durante su tradicional discurso de todas las galas, nos creaba la necesidad de ir a ver películas nacionales. La cosa resulta, elijan, paradójica o hipócrita.

Segundo. Al un poco rancio Jaime Rosales, con los tres Goya en sus manos por ‘La soledad’, se le llenaba la boca al hablar de la “radicalidad” de su película, una muestra, dice, de “cine de autor”. No es que esto sea un “dime de lo que presumes…” (el filme es la mar de interesante) pero siempre me pareció impúdico que alguien hablara de sí mismo y sus creaciones utilizando expresiones “no es para todos los gustos”; por no profundizar en lo raro que es que alguien diga que su propia película es “extraña”.

Tercero. Alberto San Juan pide la disolución de la Conferencia Episcopal. Pues muy bien, que recoja firmas o funde un partido anticlerical, pero el, afortunadamente cada vez más en desuso, “ponga aquí su protesta” de los Goya sigue cayendo en lo desubicado. Claro que si los obispos han pedido el voto de castigo en algo similar una homilía… Qué país.

Cuarto. Si Corbacho ha de recurrir al falso doblaje de las películas como recurso humorístico… (vale para gamberradas en youtube). Incluso siendo un espectáculo televisivo, los Oscar, no sé cómo narices lo harán, terminan siendo puro cine (rollo pero rollo en scope); con recursos tan ‘informales’ como el citado los Goya jamás llegarán ni a las 365 líneas de la pantalla.

(como pueden comprobar por la foto, Alfredo Landa no fue el único que estuvo espesito en la gala)

AU REVOIR, CINEMATECA

Hace unas semanas llegó a la redacción una misiva remitida por unos amables lectores coronada por el título “El Ayuntamiento cierra La Cinemateca”. Extracto: “Desde hacía varios años la Cinemateca proporcionaba a los ciudadanos películas de calidad en versión original. Es triste, indignante y causa impotencia ver cómo el Ayuntamiento de esta multicultural ciudad abandona a su suerte al cine de autor e independiente”. Sí, La Cinemateca ya no existe como paraguas bajo el que se cobijan los filmes alérgicos a las palomitas, pero casi siempre es necesario un ejercicio de espejo retrovisor, y, en este caso, arroja conclusiones diáfanas.

Echemos un vistazo a la cartelera de hoy mismo del Albéniz: ‘Fundido a negro’, de Oliver Parker; ‘La aventura de las águilas’, de Jean-François David; ‘4 meses, 3 semanas y 2 días’, de Christian Mungiu; ‘Irina Palm’, de Sam Garbarski, y, claro, la cuota comercial con ‘Soy leyenda’, con Will Smith, en stock. Sí, cierto, es un matiz más que importante (bueno, digamos que no es un matiz) que ninguna se ofrezca en versión original subtitulada (‘sine qua non’ de La Cinemateca), pero también lo es que antes se programaba un solo filme a la semana y generalmente meses después de foguearse en el circuito ‘off’ comercial de nuestro país; ahora, el estreno es puntual, simultáneo a los de Madrid y Barcelona.

Se puede ver a las claras cómo la filosofía de la difunta iniciativa ha inoculado la oferta del complejo fílmico. No quiero hablar de nostalgia de los guetos, pero sí de la influencia que muchas veces tienen los lemas, los logotipos, como creadores de realidades. Nadie está a salvo de ese influjo: se lo dice un fiel de aquella mítica sala 12 del Multicines Rosaleda, que dejó un examen de la Facultad a medio terminar porque llegaba tarde al pase de ‘A través de los olivos’ y que ahora cada mismo que acaba de teclear el número 12 a punto está de echar una lagrimita. Quizás necesitamos esas cosas, emblemas, refugios, marcos, fronteras y pruebas físicas de la existencia de algo. Como los papelitos informativos sobre las películas que entregaban con la entrada en La Cinemateca. Yo los conservo en una carpeta.

Published in:Artículos en La Opinión de Málaga |on Enero 30th, 2008 |No Comments »

MI ANTON CHIGURH

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A Javier Bardem le han dado el Globo de Oro al Mejor Actor Secundario por su Anton Chigurh de ‘No country for old men’ (por aquí la titularán ‘No es país para viejos’), un papel que algunos consideran ya el “mayor y más terrorífico villano que ha aparecido en la pantalla desde Darth Vader” (discrepo: un asmático me da más penilla que miedo). Lo esencialmente genuino de este personaje es que resulta el perfecto paradigma de que repulsión y fascinación son dos caras de la misma moneda, algo que uno siempre descubre en sus años mozos. Y es que Chigurth atrae de forma irrefrenable, no sé si porque, como comenta el inteligente intérprete, Anton es un psicópata de tomo y lomo pero también alguien “íntimo y delicado”, o, en mi caso particular, porque un amigo mío del paso de la infancia a la adolescencia llevaba su mismo peinado.

La primera, y única, vez en que he visto morir a un ser a manos de otro fue gracias a mi Anton Chigurh: una tarde en la que vagueábamos en uno de los descampados indeterminados cerca del barrio, a mi amigo, siempre dado al “¿Que no me atrevo?”, no se le ocurrió otra cosa que coger un caracol que se había encontrado y succionarle así, tal cual (desde entonces, tengo una fobia tremenda por las aspiradoras); otro día, imitando a los luchadores de ‘Pressing Catch’ (éramos tan listos y buenos en eso que les copiábamos a la perfección; es decir, el juego consistía en fingir una pelea de la forma más espectacular posible, no en luchar realmente), el chico se pasó de la raya: tenía aprisionado, boca abajo, a su oponente, otro del grupo que se las daba de durillo, y debía mantenerle así hasta que el árbitro (o sea, yo) diera tres golpes al suelo, la señal de que la contienda había finalizado; di las reglamentarias palmetadas pero él siguió asfixiando las extremidades del otro amigo, quien empezó a gimotear de forma lastimera; me aparté y la cara que vi al ‘vencedor’ no se me olvidará jamás: no había ningún motivo en sus ojos para aquello, parecía simplemente un acto de aterradora e innecesaria autoafirmación.

En los periódicos regresos al barrio, alguna vez le he visto, de espaldas, marchándose a no sé dónde. Me cuentan que desde que nos separamos se metió en líos suburbanos de baja estofa; pude apreciar que ya no llevaba el mismo peinado y también que parecía encogido, pequeño. (Atención, pequeña revelación sobre el final de ‘No country for old men’). Me quedé mirando cómo se alejaba, como lo hace Anton Chigurh en la película, con un hueso desencajado, con aires tan tranquilos como perdidos.

Published in:Artículos en La Opinión de Málaga |on Enero 20th, 2008 |No Comments »

EL ‘INRI’ DE NATASHA KAMPUSCH

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Ya lo escribí una vez aquí (no sé si es más lamentable autocitarse o repetirse): dejamos de sentir cierta simpatía por los que consideramos ‘víctimas’ cuando éstos abandonan el rol de objetos pasivos de un sufrimiento injusto y se convierten en agentes activos de su propia vida tras un proceso de autoafirmación sensacional o sensacionalista. En febrero, Natasha Kampusch, la joven austriaca secuestrada durante ocho años, tendrá su propio talk show en un canal privado. Para ilustrar la noticia, mi televisor repite machaconamente, con recochineo evidente, unas imágenes de la señorita con el noviete que se ha echado de fin de semana paneuropeo. Realmente creo que si Ana Frank hubiera sobrevivido nos habría dado rabia.

“Ésta es una foto de mí y de cómo me gustaría verme todo el tiempo. Así quizás tendría todavía una oportunidad de ir a Hollywood”. No lo escribió la Kampusch, no, sino la hoy casi beatificada Frank en uno de sus diarios. Que hoy no sobrevolemos su figura y trayectoria con la maléfica sospecha con la que abordamos las de víctimas actuales puede ser por: o la actual ironización de nuestra sociedad, que ha convertido la buena fe en síntoma casi de falta de inteligencia, o la exigencia de sufrir que les imponemos a las personas torturadas de una u otra forma. Algo de las dos hipótesis habrá, supongo, pero me decanto por la segunda.

En uno de los últimos episodios de la magnífica serie ‘Carnivale’, un joven mesías prepara el sacrificio de su propia vida para salvar a una mujer; al oír aquellos planes kamikazes, su propio Pepito Grillo le dice: “Cuando le dijeron a Cristo que bajara de la cruz, debería haberlo hecho y haberles escupido en los ojos… Porque cuando se trata de la vida la muerte es la parte fácil”. En situaciones negras y tormentosas sólo el sufrimiento trae la legitimación: si eres soldado y vuelves de una guerra con rasguños, reconocimiento moderado; si vuelves con un miembro de menos, condecoración; si te toca el ‘game over’, medalla inmediata y funeral de estado. Para mí, el sentido de la vida es vivirla, así que me alegra que Natasha Kampusch busque euros y felicidad aprovechando los medios a su alcance. Ni me acercaré a un metro a su talk show, pero es agradable ver cómo alguien baja de la cruz que no pidió.

Published in:Artículos en La Opinión de Málaga |on Diciembre 12th, 2007 |2 Comments »

CALENDARIOS DE DESPELOTE

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De todas las palabras que más odio en el mundo, sin duda, ‘entrañable’ es la que más hace gritar de dolor el teclado en que escribo. No se me ocurre mejor ejemplo del asunto que el anuncio aquel de Werther’s Original, unos caramelos que están muy malos, en que el vejete le daba una cosa de ésas a su nieto y los dos se quedaban sonriendo, imagen algo virada en sepia horrendamente congelada poco menos de un segundo. Pues bien, a rebufo de esa tontería de película titulada ‘The Full Monty’ resulta que de unos años a esta parte el paradigma de lo entrañable en estas fechas navideñas son los calendarios de desnudos gremiales (bomberos, jubilados, futbolistas… la lista es dolorosamente eterna; por cierto, ninguno es un integral, que una cosa es hacerse el simpático y otra hacer el guarro) lanzados para ganar un dinerillo siempre con vistas a lograr un objetivo social pequeñito, así en plan para la comunidad (expresión yanqui terrible): generalmente, un centro de barrio de ésos que al final quedan para que los mayores se echen un dominó. Recuerdo que una vez hasta unos veteranos conductores de autobús en huelga amenazaron con posar sin ropa para que los de la empresa oyeran sus reivindicaciones, algo que como poco aterra (da miedo cuando alguien utiliza su belleza para medrar, pero cuando recurre a su antiestética ya es de pavor total).

El caso es que, en realidad, a mí sí me gustaría ver dos almanaques de sendos gremios: uno de strippers (en que salieran vestidos, claro) y otro de mecánicos (los profesionales que siempre han engalanado sus talleres con posters de desnudeces… voilà, ha nacido el metacalendario). Pero hasta que llegue ese día… Los últimos que hicieron algo así y de los que yo quise enterarme fueron unos estudiantes de Química de la Universidad de Oviedo, que posaron en bolas para costearse el viaje de fin de carrera. Y, la verdad, la cosa terminó en la indecencia habitual: no por ver los culetes caídos o las semilorzas sino por leer en la prensa local “el fin justifica los cueros” (ja ja ja… qué agudo) o “un desnudo con química” (hay que trabajarlo más; lo mismo va para el que tituló “fuego en el cuerpo” la noticia sobre el almanaque de los bomberos de bilbao) y verles en los telediarios de fin de semana, los que hablan del tiempo que hace ese día (¿para qué?), cuentan historias humanas y, si sobran veinte segundos, meten imágenes de un festival étnico cualquiera.

Quedan muchos despelotes entrañables por sufrir ahora que el 2007 empieza a quedarse sin hojas. Reinas de las fiestas locales que posan a lo sexy para un fotógrafo de tienda de barrio, señoras y señores que buscan excusas para demostrarse que aún están para locos trotes… Dios, por favor, que empiece el 2008 ya mismo.

Published in:Artículos en La Opinión de Málaga |on Diciembre 2nd, 2007 |No Comments »

LA BRASA GLOBAL

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Cuando dos personas no tienen nada realmente de qué hablar y el contexto fuerza la conversación, lo meteorológico (consecuencia directa de lo climático) es la clave, llueva, truene, nieve o abochorne. Menuda brasa y calentamiento global del cerebelo… Pues bien, imaginen que nos encontramos en un elevador, hablemos de estos asuntos.

Primero. No dejo de ver en la televisión spots de coches que tienen en las supuestas bondades ecológicas su principal motor; no hay campañas sobre la necesidad de los carriles bici o del transporte bípedo. O sea, debemos dejar de emitir dióxido de carbono, pero nunca de consumir. Y es que el capitalismo, el verdadero petróleo de nuestra sociedad, es la mejor bacteria, la que aprende a sobrevivir en en el contexto más hostil.

Segundo. En un reciente debate sobre el calentamiento global escuché varias veces el verbo ‘creer’ antes de la expresión ‘cambio climático’ (”Yo creo en el cambio climático”), como si el asunto fuera equivalente a un avistamiento de ovnis o las caras de Belmez. En sus ‘Nueve mentiras sobre el calentamiento’, Ray Evans escribe: “El ecologismo es una especie de creencia religiosa que promueve un sentido de superioridad moral en el correligionario”. ¿Nos encontramos ante un nuevo estándar moral, ’sine qua non’ de lo correcto para ser un ciudadano responsable?

Tercero. En tiempos desideologizados, la ecología se conforma como la gran idea; en tiempos sin enemigos ideológicos, el calentamiento global es el adversario (uno no humano o ideológico por primera vez en la historia de la humanidad) a batir. El presidente del Congreso, Manuel Marín, se dedicará a la lucha contra el cambio climático, no sin antes mostrar sus reticencias y desinterés sobre el estado de las cosas en la política actual. No es el primer responsable de altura (yo les llamo ‘polítecos’) que toma una decisión similar en términos semejantes , que, curioso, son muy parecidos a las de muchas afiliaciones a grupos mixtos o a las tan en boga formaciones políticas de cariz ciudadano.

Cuarto. Hemos aceptado que el cambio climático es irreversible, ¿no ha podido serlo desde el principio de los tiempos? ¿Nos lleva el antropocentrismo a pensar que podremos aplacar a la Tierra, conseguir lo que no pudieron los dinosaurios con las glaciaciones? Al fin y al cabo, podemos hacer prospecciones climáticas a 200 años vista, pero cuando llueve no queda más remedio que recurrir al rudimentario paraguas.

Published in:Artículos en La Opinión de Málaga |on Noviembre 22nd, 2007 |No Comments »