ROLL MÁGICO
No sé cómo pero llega a mis ojos este artículo, que incluye una referencia a un grupo malagueño muy querido por mí, Roll Mágico. Uno de sus componentes fue conserje de la plaza donde vivía, cuando yo, calculo, tenía unos 14 años. Escuchimizado, gafas, bigotito, pinta de estar permanentemente desubicado. Una vez nos vio a nuestros amigos y a mí hojeando unas revistas ‘Heavy Rock’ (una mañana encontramos un montonazo de ellas tiradas en un banco del barrio; un ejercicio de apostasía metalera que me llenó de inquietud y confusión: alguien había abdicado de una pasión, y yo estaba dispuesto a aprovecharme de ello); el hombre se nos acercó y, no recuerdo exactamente cómo, entablamos una conversación sobre rock.
Al día siguiente nos trajo un single, vinilo por supuesto, de su grupo. Examinamos la portada, con un Rolls Royce volador en un cielo que parecía dibujado a cuatro manos por el diseñador de producción de ‘Grease’ y el del ‘El mago de Oz’; al dorso, en los créditos, los títulos de las dos canciones, ‘Siglo veinte’ y ‘El amante duro’ (a esa edad sumar ‘duro’ a ‘amante’ me resultó más repugnante que sexy; quizás ahora también me lo siga pareciendo) y algo revelador, extraordinario para mí: ¡Aquello había sido grabado años antes casi al lado de mi casa! Me sentía como el científico que descubrió el primer agujero negro.
Pinchamos el disco. La música no me hizo demasiada gracia: rock durillo, filosetentero y demasiado de calle, chupa y jeans para mi gusto. La aguja se quedó pillada: la incesante repetición transformaba la voz cantando el estribillo “El amante duro” en “Dame veinte duros”. Nos reímos. Uno de los colegas experimentó con el vinilo a 45 revoluciones, dice que molaba bastante más. Yo pensaba en aquel señor delgadísimo, con permanente cara de despiste, imaginándose como un amante duro. Por cierto, abandonó la consejería de mi plaza a la semana. Nos dio tiempo a devolverle el single pero no a despedirnos. Vino y se fue como un sueño.