ALFOMBRA ROJA PARA TODOS
Han anunciado ya los contenidos definitivos del Festival de Málaga y empieza el carrusel de siempre. El otro día frente a la puerta del periódico escucho (sí, está feo, pero qué se le va a hacer) la conversación vía móvil de una chica, quien, al parecer, se afanaba por conseguir una entrada para alguna de las galas (uf, como Raphael, odio terriblemente esa palabreja que remite a cosas tan cutres); cazo al éter frases como “¿Éstos que se creen? El festival es de los malagueños y si no podemos ni siquiera poder ir a la gala de inauguración…” y, el clásico, “Ya hablaré yo con alguien que conozco del Festival”. Es el efecto ‘peligroso’ de la alfombra roja: todos exigimos una porción.
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