REÍRNOS DE TODO
No soporto Eurovisión. Ni siquiera le encuentro el encanto ‘kitsch’, ese dictado de lo cool que reivindica el encanto de las cosas según su estrafalaria condición (¿nos daremos cuenta alguna vez de que la revalorización de lo cutre simplemente por ser cutre es tan despectivo como su rechazo?). Pero el invento que han pergeñado esta convocatoria los de MySpace y TVE para elegir a nuestro representante resulta hediondo y revelador. Será que la mayoría de las veces, nuestra realidad apesta.
Salvo excepciones (que tampoco es que sean honrosas: mucho aspirante a triunfito que sólo sabe rimar ‘pasión’ con ‘corazón’), los primeros puestos del ránking están ocupados por auténticas chorradas con mayor o menor gracia (a mí no me hacen ninguna: sí, ha vuelto Scrooge), frikis de la vertiente Pozí. Así nos van las cosas en la cultura de la ocurrencia y la anécdota, de los chistecitos reenviados ad infinitum entre compañeros de oficina y las caídas de culo de los bebés en YouTube con 10.000 visitas en una hora. Parece que ya sólo valemos para reírnos de todo: los programas de TV que se inventan un reggaeton destartalado para colar una carcajada (y ganar audiencia), los tipos raros sin asomo de vergüenza, los que se ríen de ellos y les votan para reírse de Eurovisión… Y, por encima de todo y todos, los que más se ríen, los responsables de MySpace y TVE, al compás de sus manos frotándose con cada voto computado (pronto nos requerirán para los comicios por SMS).
En la recomendable ‘Confesiones de una mente peligrosa’, el productor de un show precursor de ‘El semáforo’ reflexionaba allá por los años sesenta: “Jamás pude imaginar que tantas personas quisieran hacer el ridículo”. Entonces, el entertainment, el brazo silencioso del capitalismo (perdón, ahora lo llamamos sistema), no había asomado demasiado su cabeza; ahora es nuestra anestesia letal. Ni tampoco pudo imaginarse la cantidad de gente dispuesta a carcajearse de los demás: ¿Saben que los medidores de audiencia ya tipifican en sus estadísticas a los televidentes llamados “irónicos”, los que, por ejemplo, ven las galas de Miss España para mofarse de las más feíllas o las galas de ‘Operación Triunfo’ para contabilizar los gallos y desafines? Ya nada vale si no podemos reírnos de ello.
En la imagen, Antonio El Gato, el líder del ránking descalificado por la burocracia ‘online’.








