
Anoche nos enteramos de que el actor australiano Heath Ledger, uno de los vaqueros homo de ‘Brokeback mountain’, ha muerto en extrañas circunstancias (a mí todas las muertes me parece que se producen en extrañas circunstancias). Acababa de terminar su papel de Joker en uno de los estrenos más esperados de la temporada, ‘Batman. The Dark Knight’, y deja truncada por la mitad la producción de ‘The imaginarium of Dr. Parnassus’, de Terry Gilliam (menudo gafe tiene este hombre); apenas casi nadie destaca su participación en ‘10 razones para odiarte’, sin duda una de las mejores comedias juveniles de los últimos 20 años. El caso es que los foros más importantes sobre cine son una olla a presión de comentarios, opiniones y puntos de vista…
El asunto principal es, claro, la ya consabida comparación con James Dean, River Phoenix y otros caídos de similares características. ¿Murió por la sobreingesta intencionada o no de pastillas para dormir o para combatir la neumonía que podría padecer? Carta blanca: los foreros se enzarzan en discutir sobre el egoísmo de todo suicidio (Ledger deja huérfana a una niña de dos años) o, de otro lado, emplean la consabida muletilla “mártir de la fama agobiado por un mundo cruel y despiadado con los jóvenes triunfadores”; uno de los opinadores asegura que hace un par de años fue testigo directo de lo siguiente: Heath Ledger caminando por la calle y siendo ‘atacado’ por unos paparazzi que le disparaban con pistolas de agua para provocarle una reacción de enfado (y, por tanto, unas buenas fotos que vender), y cuenta que el intérprete, lejos de caer en la ira, se derrumbó y se puso a llorar. En cualquier caso, da miedo todo esto, que cualquier persona que haya seguido más o menos la trayectoria de un actor, interiorizándole en su propia existencia, se arrogue el derecho de hablar, juzgar y comentar sus decisiones.
Un clásico: las coincidencias, más o menos peregrinas, que convierten la inesperada muerte en parte de un plan de tragedias. Leo: “Brandon Lee murió durante el rodaje de ‘El cuervo’, interpretando a un personaje con la cara maquillada de blanco, como el Joker”, “Michelle Williams [la ex pareja del finado] está ahora mismo presentando en Sundance una película en la que encarna a una mujer que pierde a su esposo”, “En la aún por estrenar ‘Candy’, Heath Ledger interpreta a un drogadicto”… Y otras circunstancias bastante (¿más?) cogidas por los pelos. En realidad, es lógico: si los espectadores ven películas para, de alguna forma, hallar el sentido de la vida, que se le escapa en su existencia normal, ahora esbozan teorías, unen con escuadra y cartabón los puntos a, b y c, intentando justamente lo mismo.
Hay muchísimos más puntos a tratar, controversias y debates acerca del D.E.P. de Heath Ledger, pero quizás todos sean reacciones al mismo estímulo: la incomodidad que a los que vayan a ver ‘Batman. The Dark Knight’ les generará el hecho de estar contemplando a un muerto. Eso me recuerda a la frase con que el novelista Máximo Gorki se refirió a su primera visita a una sala de proyecciones: “Anoche estuve en el Reino de las Sombras…”.