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RUFUS, ‘IN LOVE WITH BEAUTY’

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Qué auténtico lujo haber visto al grandísimo Rufus Wainwright en el Teatro Cervantes (palpitantes gracias a todos, todos los que lo hicieron posible). Ahora mismo hay buena música, incluso muy buena música, compositores interesantes, incluso algunos geniales, pero escaso material para la leyenda, para el más grande que la vida. Rufus es, quizás, la única excepción: Rufus, su verdadera esencia, no cabe en un archivo mp3.

Cierto que no está en su mejor momento en lo discográfico (’Do I disappoint you?’ inicia su más reciente álbum, ‘Release the stars’; pues sí, a mí me decepcionó: sus canciones antes eran de pellizco y escalofrío, ahora son ’simplemente’ bonitas; supongo que será el camino que separa el autodescubrimiento de la autoafirmación) y que ya no es del todo aquel ángel pecador a pecho descubierto por los arrabales del melodrama, pero este hombre sigue tomándonos tan en serio que comparte con nosotros sus porciones de vida.

Un ejemplo lo vivimos el sábado en el Cervantes. Conocida es por casi todos la turbulenta historia familiar de los Wainwright: Loudon, el padre de Rufus y también cantante, abandonó el hogar a los pocos años de nacer éste (recomiendo encarecidamente atender al progenitor, un tipo de una pieza, controvertido, de los que te hacen pensar… “Os mantenéis en contacto / Así ha quedado todo / El abrazo furtivo / el beso receloso / … ¿Para qué sirven las familias?”); nuestro señorito le dedicó un tema, el fabulosamente descarnado ‘Dinner at eight’, y una pequeña puyita anoche. Cuando presentó anoche sobre las tablas a su madre (la gran vocalista Kate McGarrigle: menudos genes), acompañante ocasional al piano, ésta comenzó a explicar que hoy vestía de negro porque… “¡Ya te gustaría a ti ser una viuda!”, le espetó su hijo. La señora y su ya crecido retoño se partieron y los que pillaron la cosa sonrieron cómplices, agradecidos por la generosidad del artista, del hombre que, sí, parte del exhibicionismo emocional pero con fines más comunicativos que egotistas. Y es que, ante todo, y aunque parezca paradójico, un contrasentido, Rufus Wainwright quiere ser leyenda pero quiere ser comprendido, amado. Como todos. “In love with beauty”, cantó en ‘I don’t know what it is’. Como todos, y en parte gracias a él.

Published in:Cine, música, etc. |on Noviembre 11th, 2007 |No Comments »