LA BRASA GLOBAL
Cuando dos personas no tienen nada realmente de qué hablar y el contexto fuerza la conversación, lo meteorológico (consecuencia directa de lo climático) es la clave, llueva, truene, nieve o abochorne. Menuda brasa y calentamiento global del cerebelo… Pues bien, imaginen que nos encontramos en un elevador, hablemos de estos asuntos.
Primero. No dejo de ver en la televisión spots de coches que tienen en las supuestas bondades ecológicas su principal motor; no hay campañas sobre la necesidad de los carriles bici o del transporte bípedo. O sea, debemos dejar de emitir dióxido de carbono, pero nunca de consumir. Y es que el capitalismo, el verdadero petróleo de nuestra sociedad, es la mejor bacteria, la que aprende a sobrevivir en en el contexto más hostil.
Segundo. En un reciente debate sobre el calentamiento global escuché varias veces el verbo ‘creer’ antes de la expresión ‘cambio climático’ (”Yo creo en el cambio climático”), como si el asunto fuera equivalente a un avistamiento de ovnis o las caras de Belmez. En sus ‘Nueve mentiras sobre el calentamiento’, Ray Evans escribe: “El ecologismo es una especie de creencia religiosa que promueve un sentido de superioridad moral en el correligionario”. ¿Nos encontramos ante un nuevo estándar moral, ’sine qua non’ de lo correcto para ser un ciudadano responsable?
Tercero. En tiempos desideologizados, la ecología se conforma como la gran idea; en tiempos sin enemigos ideológicos, el calentamiento global es el adversario (uno no humano o ideológico por primera vez en la historia de la humanidad) a batir. El presidente del Congreso, Manuel Marín, se dedicará a la lucha contra el cambio climático, no sin antes mostrar sus reticencias y desinterés sobre el estado de las cosas en la política actual. No es el primer responsable de altura (yo les llamo ‘polítecos’) que toma una decisión similar en términos semejantes , que, curioso, son muy parecidos a las de muchas afiliaciones a grupos mixtos o a las tan en boga formaciones políticas de cariz ciudadano.
Cuarto. Hemos aceptado que el cambio climático es irreversible, ¿no ha podido serlo desde el principio de los tiempos? ¿Nos lleva el antropocentrismo a pensar que podremos aplacar a la Tierra, conseguir lo que no pudieron los dinosaurios con las glaciaciones? Al fin y al cabo, podemos hacer prospecciones climáticas a 200 años vista, pero cuando llueve no queda más remedio que recurrir al rudimentario paraguas.




