MÚSICA POLÍTICA
Lo tengo claro: las biografías de las orquestas encierran vivencias más tumultuosas que las de la banda de rock más peligrosa. Nuestra querida Filarmónica sigue dejando para los rastreadores de las historias que quedan entre las líneas de los pentagramas un buen puñado de perlas. La última, la carta pidiendo amparo a la Junta por el proyecto municipal de organizar un gran recital al aire libre para dar a conocer a una agrupación que, dice el delegado, no es un tesoro semioculto en su propia ciudad. Y ahora resulta que la misiva no la ha escrito nadie…
La idea de Miguel Briones tiene su cosa: nunca está de más hacer partícipes de la denominada música culta a los ‘ciudadanos de a pie’, aunque, en mi opinión, cualquier acercamiento justo entre dos partes exige el compromiso de ambas. Los músicos de la OFM, que en la carta quedan como primadonnas, nos aseguraron con un (lógico hasta cierto punto) desaire que no redactaron aquellas líneas, pero el dichoso folio (muy bien documentado) llegó, de las oficinas de la Filarmónica, a las dependencias autonómicas. O sea, que esta partitura parece que ha sido orquestada desde el más hediondo pasilleo… Caramba, ¿quién dice que la música política ya no está de moda?
Pero no nos quedemos en los mensajeros, habida cuenta de que bastantes instrumentistas de la OFM están de acuerdo con el fondo de ciertos puntos tratados en la misiva. Y es que en la orquesta no se viven tiempos muy ‘allegros’. Plazas que no se cubren tras jubilaciones, merma en la programación por la asfixiada agenda del Cervantes y, lo peor: nos cuentan los melómanos (habríamos querido confirmarlo, pero los responsables de la Filarmónica no nos cogen el teléfono) que en un reciente concierto en Madrid se sustituyó una anunciada pieza de Bruckner por otra de Schubert ya que la segunda exigía el concurso de menos músicos (menos traslados, menos gastos). Intolerable, opinan muchos. Coincido: Do, re, mi, fa, sol, la… no.



