LOS INDIANAS

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La historia, al parecer, tiene su notable importancia paleontológica: un premolar ha adelantado en 400.000 años la presencia de homínidos en Europa (a partir de ahora, El Más Viejo Continente); sus descubridores, los señores de Atapuerca, anuncian que van a pasarse todo el verano investigando la procedencia exacta del diente… Todo el verano. Mmmmm. Un compañero, amigo a su vez de una paleotóloga, me introduce en las catacumbas de ese tipo de campañas de exhumación del pasado, y me comenta que, básicamente, ese tipo de asuntos ocultan un, digamos, impresionante contenido sexual: vamos, que las versiones X de ‘Indiana Jones’ (’Indiana Jones y el .abo maldito’, ‘Indiana Jones y el templo calentito’… les aseguro que son títulos reales de películas reales, como también, pásmense, que la ‘perversión’ más obvia no está registrada; no me hagan teclearla, por favor). Lo cual confirma una de mis numerosas teorías estúpidas (aparte de hacerme replantear el verdadero porqué del nombre de Atapuerca).

Esta semana The Rolling Stones han actuado, por fin, en España, y uno no ha dejado de leer, ver y oír noticias sobre el tema recordando expresiones (¿lugares comunes?) como ‘Sus Satánicas Majestades’ y otros lemas sobre la supuesta peligrosidad de los viejillos en sus tiempos mozos. Bien, yo les digo que por mucho que hayan trajinado Jagger y cía no se puede comparar con el trasiego de, por ejemplo, una orquesta: los atriles tienen mucho que contar sobre esos músicos, ahí donde les ven tan serios, con sus trajes oscuros, sus camisas tan almidonadas como sus rostros. Sin irnos a la London Sinfonietta, aquí, en nuestra Filarmónica, ha habido líos de no te menees: recuerdo, por ejemplo, como en antiguas encarnaciones de la banda, un miembro de los instrumentos de cuerda y otro del viento metal se peleaban (no literalmente) por una exótica incorporación del viento madera. Y más cosas que me callo y que harían enmudecer a la lengua del gran Mick.

No sé si en Atapuerca (sigo preguntándome por qué la llamaron así) habrá mucha tela de este tipo que cortar, pero sí que, seguro, lo averiguaremos dentro de 20.000 años (¿existiremos?), cuando sus colegas del futuro descubran y analicen los restos, y costumbres, de los huesos hoy rebozados en carne.

Published in:General |on Julio 1st, 2007 |

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