Archive for Julio, 2007

SANTOS INOCENTES

Hacía tiempo que no veía dos imágenes que me agradaran tanto: Alejandro Santaella, un marbellí de 13 años que ha vendido un millar largo de ejemplares de su primera novela en sólo tres días, posando libro en mano en la feria de San Pedro Alcántara; Cristina Castro, poetisa de 17 años recién descubierta por `MálagaCrea´ abrazando una estantería repleta de volúmenes. Me fijo en sus rostros, pieles transparentes, gestos incontaminados, y me dan ganas de ser su amigo.

A la edad de Alejandro yo también escribía con cierta convicción, pero no diarios ni paparruchadas por el estilo… Hasta tenía un lema, “Si escribes lo que te pasa, acabarás esperando a que pase algo para escribirlo y, al final, terminarás escribiendo para que pase algo”, que me llevó a firmar sinsentidos entre Beckett y Los Lunnis. El caso del chaval es bastante más sano, menos congestionado por las ínfulas; quizás por eso me habría gustado conocerle a los 13 años: nos imagino felizmente marginados en las clases de Educación Física (él tiene asma y leves secuelas de un glaucoma; yo me invento cojeras y dolores de cabeza para pasar del ejercicio). A la edad de Cristina yo también vivía entre librerías y odiaba los versos sobre amores, desamores, la estética otoñal… Habría sido fantástico compartir con ella charlas de adolescente a adolescente: le habría pedido que me explicara cómo se pueden compatibilizar los estudios de Guitarra Clásica con frases como “No me gustan las formas; lo mío es la escritura automática” (claro que mi aversión por las reglas sólo me llevó a aporrear un Casio).

Estas líneas no están movidas por la envidia ni la frustración. Hace un tiempo, cuando aún no había cosechado (él, no yo) el Hiperión, escribí un artículo sobre David Leo García, alertando sobre la poética de aquel entonces adolescente tímido. Un año después, en una fiesta y sin haber sido presentados, se acercó a mí y me agradeció aquellas líneas. Altas horas de la madrugada, él, con una copita en la mano. Al despedirme, no se me ocurrió otra cosa que: “Por favor, sigue escribiendo”.

Published in:General |on Julio 14th, 2007 |1 Comment »

CÁNCERES

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Celebro mi cumpleaños tecleando estas líneas con el pavor que el día 3 me provoca julio tras julio. No es dolor, preocupación o tristeza por los desafíos aún por cumplir, ni por las cosas y personas que uno va dejando atrás ni tampoco por las heridas y contusiones del pasar del tiempo; básicamente, es la incomodísima sensación que me produce soplar las velas el mismo día que Tom Cruise. O sea, un cáncer (y no lo digo sólo por el horóscopo que nos ha tocado en suerte a ambos).

En realidad, el calvario empieza siempre el día anterior: para el ‘feliz cumpleaños’ incluido cada jornada en la contraportada del periódico los compañeros encargados del asunto destacan en la foto al cienciólogo; cuando sé que la página está lista le echo un vistazo con la secreta ilusión de no ver al actor con su sonrisa escultural… en vano; al parecer, no viven demasiadas luminarias que compartan mi fecha de nacimiento. (Un inciso: hay veces que, por el contrario, uno celebra gozosamente el cumpleaños de gente a la que le tiene cierto cariño desde la lejanía; por ejemplo, Paco Rabal, a quien siempre resaltábamos en el apartado de felicitación. El día que, mecánicamente, íbamos a incluir su aniversario rápidamente me di cuenta de su reciente fallecimiento y, de veras, sentí una pequeña, íntima tristeza).

El caso es que, patológicamente, parte del día de mi cumpleaños lo paso investigando cuáles son los planes del ‘Top Gun’ para su gran día. Un poner: hace dos julios, se gastó unos 10.000 euros en traer de todas partes del mundo a sus tres chefs italianos favoritos para una cena pantagruélica en un yate; para qué contar cómo fue mi más que espartana celebración… No es envidia, no crean, pero uno establece un extraño vínculo con la persona con la que comparte casilla en el calendario, que se convierte en una especie de sosias. Y así es todos los años, y así será. Hasta que uno de los dos desaparezca.

Published in:Artículos en La Opinión de Málaga |on Julio 8th, 2007 |2 Comments »

LOS INDIANAS

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La historia, al parecer, tiene su notable importancia paleontológica: un premolar ha adelantado en 400.000 años la presencia de homínidos en Europa (a partir de ahora, El Más Viejo Continente); sus descubridores, los señores de Atapuerca, anuncian que van a pasarse todo el verano investigando la procedencia exacta del diente… Todo el verano. Mmmmm. Un compañero, amigo a su vez de una paleotóloga, me introduce en las catacumbas de ese tipo de campañas de exhumación del pasado, y me comenta que, básicamente, ese tipo de asuntos ocultan un, digamos, impresionante contenido sexual: vamos, que las versiones X de ‘Indiana Jones’ (’Indiana Jones y el .abo maldito’, ‘Indiana Jones y el templo calentito’… les aseguro que son títulos reales de películas reales, como también, pásmense, que la ‘perversión’ más obvia no está registrada; no me hagan teclearla, por favor). Lo cual confirma una de mis numerosas teorías estúpidas (aparte de hacerme replantear el verdadero porqué del nombre de Atapuerca).

Esta semana The Rolling Stones han actuado, por fin, en España, y uno no ha dejado de leer, ver y oír noticias sobre el tema recordando expresiones (¿lugares comunes?) como ‘Sus Satánicas Majestades’ y otros lemas sobre la supuesta peligrosidad de los viejillos en sus tiempos mozos. Bien, yo les digo que por mucho que hayan trajinado Jagger y cía no se puede comparar con el trasiego de, por ejemplo, una orquesta: los atriles tienen mucho que contar sobre esos músicos, ahí donde les ven tan serios, con sus trajes oscuros, sus camisas tan almidonadas como sus rostros. Sin irnos a la London Sinfonietta, aquí, en nuestra Filarmónica, ha habido líos de no te menees: recuerdo, por ejemplo, como en antiguas encarnaciones de la banda, un miembro de los instrumentos de cuerda y otro del viento metal se peleaban (no literalmente) por una exótica incorporación del viento madera. Y más cosas que me callo y que harían enmudecer a la lengua del gran Mick.

No sé si en Atapuerca (sigo preguntándome por qué la llamaron así) habrá mucha tela de este tipo que cortar, pero sí que, seguro, lo averiguaremos dentro de 20.000 años (¿existiremos?), cuando sus colegas del futuro descubran y analicen los restos, y costumbres, de los huesos hoy rebozados en carne.

Published in:General |on Julio 1st, 2007 |No Comments »