SANTOS INOCENTES
Hacía tiempo que no veía dos imágenes que me agradaran tanto: Alejandro Santaella, un marbellí de 13 años que ha vendido un millar largo de ejemplares de su primera novela en sólo tres días, posando libro en mano en la feria de San Pedro Alcántara; Cristina Castro, poetisa de 17 años recién descubierta por `MálagaCrea´ abrazando una estantería repleta de volúmenes. Me fijo en sus rostros, pieles transparentes, gestos incontaminados, y me dan ganas de ser su amigo.
A la edad de Alejandro yo también escribía con cierta convicción, pero no diarios ni paparruchadas por el estilo… Hasta tenía un lema, “Si escribes lo que te pasa, acabarás esperando a que pase algo para escribirlo y, al final, terminarás escribiendo para que pase algo”, que me llevó a firmar sinsentidos entre Beckett y Los Lunnis. El caso del chaval es bastante más sano, menos congestionado por las ínfulas; quizás por eso me habría gustado conocerle a los 13 años: nos imagino felizmente marginados en las clases de Educación Física (él tiene asma y leves secuelas de un glaucoma; yo me invento cojeras y dolores de cabeza para pasar del ejercicio). A la edad de Cristina yo también vivía entre librerías y odiaba los versos sobre amores, desamores, la estética otoñal… Habría sido fantástico compartir con ella charlas de adolescente a adolescente: le habría pedido que me explicara cómo se pueden compatibilizar los estudios de Guitarra Clásica con frases como “No me gustan las formas; lo mío es la escritura automática” (claro que mi aversión por las reglas sólo me llevó a aporrear un Casio).
Estas líneas no están movidas por la envidia ni la frustración. Hace un tiempo, cuando aún no había cosechado (él, no yo) el Hiperión, escribí un artículo sobre David Leo García, alertando sobre la poética de aquel entonces adolescente tímido. Un año después, en una fiesta y sin haber sido presentados, se acercó a mí y me agradeció aquellas líneas. Altas horas de la madrugada, él, con una copita en la mano. Al despedirme, no se me ocurrió otra cosa que: “Por favor, sigue escribiendo”.

