¿ESCRITORES O PORTAVOCES?
Le acaban de otorgar el Príncipe de Asturias de las Letras al israelí Amos Oz por, leo, “su defensa de la paz” en el avispero de Oriente Medio. Ningún problema, al contrario, en que se valore la lucha pacífica de una figura pública, pero observo preocupado como de unos años a esta parte tanto los galardones patrios como su hermano mayor, el Nobel, parecen sólo querer reconocer la trayectoria de los escritores en función de su posición y sus supuestos logros en materias extraliterarias. Y en eso sí estoy radicalmente en contra: la talla de un autor no debe medirse en función de las causas que portavocean, por muy justas y pertinentes que éstas sean; conceder un puñado de miles de euros y un diploma a unos literatos, de contrastada calidad por supuesto, pero subrayando su exilios políticos, sus años como refugiados, las campañas de censura y descrédito político-social a las que lamentablemente han sido sometidos no es más que un injusto acto de justicia poética, un remiendo. ¿Son menos valiosos escritores que se han preocupado de asuntos dolorosa o luminosamente humanos, sin anclaje aparente en la actualidad de sus momentos?






