ADIVINA QUIÉN DUERME
Ya hace tiempo que las madrugadas catódicas privadas son pasto exclusivo de esa especie de concursos interactivos con dos presentadores ante un panel saludablemente cutre (qué reconfortante resulta en estos tiempos de infografías y cromas) que esperan las llamadas de insomnes o personas con ludopatía en mayor o menor grado. A las claras: a mí, alguien con notables problemas para conciliar el sueño, este formato me parece el gran invento de la televisión reciente.
Mi enemistad con Morfeo viene de lejos. Ya de crío recuerdo retorcer la cama a base de vueltas y un repertorio de posturas inacabable. Pero el insomnio, como cualquier marginalidad, comporta inesperadas satisfacciones: me acuerdo de mí mismo, en horizontal y con los ojos abiertos de par en par, escuchando emocionado el para mí asombroso ruido del camión de la basura (como, más tarde, contemplando la luz verdirroja en acogedor parpadeo de una farmacia de guardia), el perfecto símbolo audio de la reconstituyente sensación que siempre provoca que alguien nos cuide mientras estamos soñando indefensos y la comprobación de que el territorio nocturno tiene sus pequeños oasis.
Tras bastantes años sin un refugio similar en mis noches en blanco (los basureros y los farmacéuticos se convirtieron en iconos infantiles y, por tanto, administrados en leves dosis), ese mismo efecto tiene en mí ahora ‘Adivina quién gana esta noche’, mi favorito del subgénero televisivo. Muchos se resguardan en los programas radiofónicos tipo ‘Hablar por hablar’, pero yo no puedo evitar oírlos como seudoconfesionarios en los que los fieles compiten por contar el pecado más abracadabrante. Prefiero tener de fondo a las parejas de jovencitos presentadores haciendo el tonto en directo y a la gente respondiendo estupideces similares. Y como todo hábito casi clandestino, trajo una sorpresa: una madrugada, creí escuchar la voz de un amigo al que había perdido la pista; cuando dijo su nombre lo tuve claro. Después de que no acertara el nombre de una capital europea con la letra ‘r’ de las incluidas en el panel, le llamé y estuvimos hablando un buen rato.



